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despues de agotar todos Jos recursos de su ingenio para contestar al presidente, acriminando falsamente & Jesus, concluyen con decir que «ellos tienen una ley, segun la. cual Jesus debe morir crucificado, porque se ha he~ _ cho Hijo de Dios.» En vano queremos observar lo que resta del proceso alzado contra el Cordero de Dios, que no encontraremos otra causal para la sentencia que for- mulara contra él un juez cobarde é injusto; imprecaciones, amenazas, maldiciones, tumulto por parte de los acusa— dores, tentativas inutiles y sin vigor, disculpas y pro- testas por parte del juez; pedir aquéllos que recaiga so— bre ellos y sus hijos Ja responsabilidad de aquella sangre; declarar éste que quiere estar inocente de aquel homi- cidio, es cuanto ocurre hasta el momento en que Jesus, — mueve el pié para ir del Pretorio al Calvario. Entre tanto, sefiores, ghabeis notado las preguntas y respuestas del presidente y del acusado? gNo habeis ad- verlido que el juez ha comprendido que se lo habian en- tregado por envidia? Tal es la persuasion que tiene de la - inocencia de Jesus, que no le dirige una sola palabra para cerciorarse por su propia respuesta de si eran 6 no fingi- dos los crimenes que se le imputaban. jOh! ,Y cémo podia. creer que era perturbador, ni revoltoso, ni enemigo del César, ni del templo, ni de la ley, aquel que no habia que- rido recibir del pueblo los homenajes y la corona de Rey; aquel que 4 manos llenas repartia beneficios; aquel que habia mandado pagar alcabala por si y por Pedro; aquel que dijo 4 los mismos que le acusaban, que diesen a Dios lo que era de Dios, y al César lo que era del César? gComo podia sospechar ni la sombra del crimen en aquel que con semblante modesto, con ojos humildes, con frente serena, con continente manso y pacifico, estaba sufriendo, ee para oir sus descargos, si quiere darlos. Los fariseos,
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