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- sido interrogado sobre su doctrina, sobre sus discipulos y sobre su naturaleza. De su doctrina hace juez al piibli- co que la ha oido; de sus discipulos nada responde; mas en cuanto 4 su naturaleza y origen, no la oculta nila encubre. «Yo te conjuro de parte de Dios vivo, le dice el ‘sumo sacerdote, que nos digas si ti eres el Cristo, el Hijo de Dios.» Y Jesus responde: «Tt lo has dicho; si lo soy; y vereis 4 este Hijo del hombre sentado 4 la diestra de la majestad de Dios venir sobre las nubes del cielo.» (Math., cap. xxiv, versiculos 63-64.) No fué necesaria otra pregunta, ni otra acusacion. Vuelto el pontifice & los sabios del concilio: «Qué necesidad tenemos, les dice, de testigos? Vosotros mismos acabais de oir la blasfemia con que se hace Hijo de Dios. ,Qué os pare- ce%» Y todos contestaron: «Digno es de muerte: reus est mortis.» Hé aqui ya la primera sentencia de muerte dada con- tra Jesus, sin otra causa que su origen y naturaleza. Si- gamos todos los tramites de su proceso; la Sinagoga no tiene potestad para infligir 4 ningun reo la pena infame de la muerte de cruz, y sdlo puede hacerlo despues de la _ sentencia declaratoria del magistrado romano. En efec- to: todo el concilio se traslada 4 las puertas del Pretorio. Es Jesus acusado de rebeldia a los Césares, pues se dice que prohibe pagar los tributos; es acusado de perturbador que trae levantado al pueblo, ensefidndole doctrinas nue- vas, y diciéndole que él es el Cristo, Rey de Israel: Pi- latos lo interroga y examina, lo remite 4 un censor se- vero, lo interpela de nuevo, sin otro resultado que el de- ber publicar & la faz del concilio que Jesus no tiene causa alguna para ser condenado & muerte. Pero el pre- sidente no habia oido atin el ultimo capitulo de acusacion contra Jesus. Empeiiado en salvar al que creia inocente, entabla una polémica publica con los acusadores, en la que tiene que dirigir algunas veces la palabra al acusado, * ET Ss Oa a eg a ee Ee ey

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