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ban fricciones de vinagre, 1o arrojaban sobre carbones y desparramaban alrededor nitros salitrosos para avivar mas sus tormentos; ora entraban en tinas de aceite hirvien-. do, ora en estanques glaciales, sintiendo vivisimos do- lores; y gqué sucedia? Tenian siempre presente la carcel de Jesus, sus cadenas, sus azotes, sus éspinas y su muer- _ te, y eran enténces los fuegos brisas, las llamas rosas, ie Tos azotes caricias, las catastas diademas, las cadenas Re! Tauros, los cadalsos tronos. ~ No era esta leccion de Jesus tan sdlo para los cris= tianos herdicos; era tambien para los qué tuviesen la gracia de vivir en tiempos pacificos, en que no hubiese tiranos que persiguiesen su nombre; era para nosotros, era para todos. Con su paciencia y, silencio en los tor- mentos y en la prision, gqué nos ensefiaba Jesucristo? Nos ensefiaba que debfamos mirar en nuestros enemigos unos hermanos extraviados, por Cuya conversion de- bemos orar al cielo; en sus édios contra nosotros, no de- bfamos tener aversion sino al pecado que cometen, y para no tener nosotros la misma complicidad criminal, de- biamos amarlos como 4 hermanos. Mas nos ensejiaba; la ~ paciencia tiene tres grados de perfeccion: el sufrimiento, el silencio y la alegria. Habia enseiiado Jesus a sus dis— cipulos que se alegrasen cuando fuesen insultados y vilipendiados por su nombre; que fuesen por todo el mundo como ovejas entré lobos; que cuando el enemigo les hiciese andar violentamente diez pasos , hiciesen ciento mas; que cuando les robasen el vestido, les ce- diesen tambien el palio: tres caractéres de gozo, de si- lencio, de paciencia en los trabajos del mundo; y para hacérnoslos llevaderos, El mismo empieza 4 practicar sus consejos y preceptos. Jesus va alegre 4 la carcel, porque con su prision abre las puertas del cielo; no res— ponde 4 las injurias, porque con su silencio acalla el grito de nuestros crimenes, que piden venganza al cielo;
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