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te dntes que viniese nuestro inmortal padre Abraham; infame, él ha dicho que se atreve 4 disolver el gran tem- plo de Salomon, y volverlo 4 construir en tres dias. No perdoneis & hierros y cadenas; aumentad las que tiene; seis horas nada mas estara bajo vuestra vigilancia, que despues le haremos pagar sus crimenes con la muerte que tiene merecida.» No sigamos a Jesus en los salones' por donde atravie- sa para llegar 4 su prision. Detengamonos 4 pensar por un momento en el cumplimiento de la profecia de David, que vié el conciliabulo de principes y magnates contra Dios y su Ungido. No cuadran a Jesus tantos hierros como se le ponen; Rey de los siglos, debiera ceiiir sus sienes, sus manos y piés con guirnaldas de variadas flores; ofrez- — camoselas con dolor de nuestras culpas, para desagra- _viarlo de las cadenas con que le ha cargado la. furia de _ sus enemigos. PARA EL QUINTO MISTERIO DE LA CORONA DE DESAGRAVIOS. Despues de drdenes tan severas dadas 4 hombres _amigos de lisonjear y adular 4 los que con larga mano pagarian este servicio, gqué perspectiva podia presentdr- sele al amable Jesus? Sial ser herido en su rostro por uno de los domésticos del pontifice Anas, reclamando _ Jesus una satisfaccion por la injuria,,nadie le ha contes- tado, ni tomado el partido de defenderlo, gqué le ibaa acaecer cuando la chusma lo viese entre sus manos, sin freno que’ la contuviese ni miramientos que debiera guardar? ; Ah! Si de los hombres mas cultos de la Sina- goga salieron tantos insultos, dela servidumbre vil y gro- sera no podia esperar mas que dicterios asquerosos. En efecto, amados mios; Jesus fué el ludibrio de aquel populacho, que 4 su falta de modales unia la autorizacion dada por los principes de divertirse con el
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