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vid en lontananza el encarcelamiento de Jesus, y anun- Fo cost cid que los ‘angeles de paz se entregarian 4 un amargo Ianto: Angeli pacis amare flebunt. Tampoco omitiré la © idea que David tuvo de la prision del Salvador, pues dice de El estas palabras: «Me pusieron en un subterraneo profundo en lugares tenebrosos, semejantes 4 las sombras de la muerte.» Possuerunt me in lacu inferiori, in tene- brosi.etin umbra mortis. Y, para decirlo todo de una vez, os advertiré, con San Jerénimo y otros Santos Doctores, que lo que padecié Jesucristo en la carcel la noche de su Pasion, es un arcano que no nos pars descubierto hasta el fin del mundo. «De qué manera entra Jesus en la prision? Del modo " mas cruel y mas insultante; yoy 4 referiros lo que dice el, Evangelio. Interrogado Seah en el concilio de Caifas so- bre su origen y mision, contesté que era Hijode Dios, y en prueba de su Sivigiiad, le afirmé que algun dia ve- rian al Hijo del Hombre sentado en nubes del cielo, vinien- do con gloria y majestad 4 juzgar al mundo. No bien con- cluyera las ultimas palabras, cuando tumultuosamente se levantaron sacerdotes y fariseos, y despues de haber pronunciado | contra fl la sentencia de muerte, se entre- garon 4 todos los excesos de una pasion sin freno. No se precipita el represado rio con tanto impetu sobre las cam- pifias cuando se le alzan las exclusas, como la turba fari- saica se arrojé sobre el manso Jesus. Quién le tira de la cabellera, quién escupe su venerable rostro, quién cubre sus divinos ojos con un harapo sucio, quién le hiere di- - ciéndole que adivinase quién era el que le heria. Asi se vuelve tema de una diversion furiosa el recien apresado; fatigados del entremés, se retiran los principes de la Si- nagoga, llaman 4 sus criados y al soldado sobornado, y les mandan que conduzcan al reo 4 eArcel bien segura, Ni uno solo de los vivientes ha dejado de ser testigo de las ultrajantes escenas con que ha sido escarnecido el Re- TOMO Il. 15
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