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cinto lloraran los hombres desgraciados que no quieren sufrir en esta vida el yugo suave de su santa ley. Por lo demas, ,qué importaran 4 Jesus las cadenas con que esta atado? ,No es El quien mand 4 los parali~_ ticos que se consolidasen sus plantas y tobillos? gNo es fil quien rompié mil vinculos de culpa con que estaban liga- dos muchos hombres? 4 Noes £1 quien convirtié las aguas en vino, los c4lidos Sures en refrigerantes brisas? Pues nada le costaria quitar 4 los hierros la gravedad, y con- vertirlos en ligeras plumas. Lo que aflige 4 Jesus no es la» crueldad del acero que tiene sus manos reventando la san- grey su cuello aherrojado al pefion inculto de la carcel; no le aflige el duro cepo en que estan amarrados los piés que andaban con paso ligero sobre las aguas; los pecados del mundo son la prision, los hierros, las cadenas, los grillos que lo atotmentan sobremanera. - _jAh, eristianos! Ni uno solo de los que estamos aqui dejé de entrar en el entendimiento del encarcelado Re- ‘dentor; loré en su prision por nuestras ingratitudes; venid, pues, y llorad con El; ofrecedle el suave olor del arrepentimiento y de las virtudes, para que en medio de sus cadenas tenga algun consuelo. A PARA EL CUARTO MISTERIO DEL SETENARIO. Son tantos los oprobios que cayeron sobre Jesus en la noche de su prision, que apenas puede hablar de ellos la lengua humana. Yo no me atreveré a decir sino lo que nos ensefian las Escrituras y los Doctores de la Iglesia. Ya que hemos visto lo que pasa dentro del alma de Jesus, justo es que contemplemos lo que sucede en derredor de £1; cémo Hevan 4 Jesus 4 la carcel, cémo se encuentran sus sentidos en ella, cémo lo sacan de la prision: son tres puntos que nos han de ocupar detenidamente. No los he de explanar, por tanto, sin decir antes que el Profeta Isafas

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