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un tipo bien stiaifato del Salvador; en su 1 antiguo Pro- feta tenemos la figura; en Jesus encontramos la realidad. Por espacio de tres afios no hizo mas que morigerar las costumbres del pueblo hebreo; salieron de sus labios elo- ‘cuentes pero suaves palabras, que tanto tenian de amo- rosas como de eficaces; mas, 4 diferencia de los antiguos Profetas , no sdlo reprendia los escandalos ptiblicos con= tra la ley y el templo, sino tambien leia los mas abstru- sos pensamientos de aquellos hombres principales en la Judea que hacian profesion de vida austera y santa, encu- briendo sus vicios con el manto de la hipocresia: Jesus, pues, excité contra su persona el furor de los escribas y fariseos , se hicieron éstos dueiios del personaje que los reprendia, y cargandolo de cadenas , lo arrojaron en dura prision. | 50. He descubierto aqui la mas completa analogia entre el Mesias paciente y uno de sus Profetas, que lo anuncidé en sus palabras y lo figuré en sus obras. Antes de conti- nuar la explanacion de la historia y de considerar las pe- nas del ilustre encarcelado, postrémonos ante sus divi- nas plantas, adorandolas con sumision y reverencia, y haciendo un acto de dolor. II. Vuelvo al profeta Jeremias; mas feliz fué, amados mios, la figura que la realidad; el Profeta perseguido por sus enemigos oyé en sn ldbrega prision algunas pala- bras de consuelo: colocado tras de ferradas barras, se le permitié oir los ecos de una voz amiga que, exhalandose en lagrimas, enjugé las del prisionero, mezclandolas con las suyas: era este hombre caritativo Hanameel , pariente del mismo Profeta. Oid el dialogo de estos dos amigos; el uno se halla aherrojado con fuertes grillos y tendido en pesado cepo; el otro apenas puede aplicar su rostro al ves-

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