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‘sobre naciones y reinos para que arranques, y destruyas, y edifiques, y plantes.» Por este razonamiento compren- deremos lo que Dios queria de su siervo; le inspiraba sus palabras y su fuerza para que con unas y con otra se opu- siese al torrente devastador de la idolatria y del crimen que habia extendido su negra capa en la tierra; le infun- dia su elocuencia para anunciar los derechos de la divi- - nidad , ultrajados con Ja adoracion de los idolos, y su fuerza para presentarse 4 Reyes, ejército y pueblo, sin temor 4 su falsa politica, 4 sus armas 6 4 su furor. Jeremias llenéd completamente los designios del cielo; Dios vid en él un Profeta herdico, manso, paciente, y al mismo tiempo intrépido y valeroso para resistir 4la mal- dad. ; Ah! Quizd en este momento alguno estard pensan- do que las escenas del Testamento Antiguo no tienen relacion directa con la augusta reunion que tiene lugar en este recinto; porque hoy no hay Sedecias ni Joaqui- nes impios que llevyen la abominacion al Santuario, ni tampoco se encuentran Jeremias ni Profetas que tengan que echar en cara su impiedad 4 los. mandatarios. Pero no adelanteis vuestro discurso; Jeremias, no sdlo era un . Sacerdote y un Profeta, era un tipo animado, cuyas ac- ciones y vida delineaban las de un sagrado personaje que en tiempos venideros apareceria santificado en su natura- leza y persona, en sus virtudes y palabras; de un perso- naje que con energia y firmeza se opondria 4 las profa- naciones del templo é infracciones de la ley; de un per- sonaje que con mansedumbre de corazon llamaria 4 los hombres; de un personaje, por fin, que con paciencia y humildad sufriria una muerte afrentosa. La predicacion continua de la verdad, la oposicion in- cesante 4 los excesos de Ja idolatria , excité en los 4nimos una furiosa envidia contra este santo Profeta; se conju- raron contra él los hombres infcuos, se apoderaron de su persona, y lo arrojaron en una clreel inmunda. Hé aqui

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