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diencia 4 los mandatos de su Padre para confundir a Lu- cifer, que por la desobediencia se precipité en un abismo eterno de males, arrastrando tambien por ella 4 nuestros primeros padres a la perdicion eterna, y para enseflarnos 4 nosotros4 ser verdaderos hijos de Dios. El Hombre- Dios no tenia ninguna obligacion de morir por nosotros; por su propia eleccion quiso ejecutar lo que veia que era ~ del agrado de su Padre y para bien de los hombres; y es tan grande el deseo que tiene de complacer a aquél, que llama precepto lo que sabe que es voluatad suya. (D. Cy- rill. in Joan., lib. x.) Siendo propio del buen hijo pre- venir los deseo de su padre, Jesucristo se muestra en el huerto obsequiosisimo hacia su Padre, pues nada quiere hacer que no sea de su agrado, y se ofrece 4 padecer cuanto pueda sufrir, llevando los tormentos hasta el ul- timo extremo, porque sabe que cuanto mas extensa sea la Pasion, tanto mas salisfaccion ofrece por los hombres y tanto mayor honor recibira su Eterno Padre. ;Oh obe- diencia sublime! ;Oh espectaculo que nos llena de con- fusion! Jesus ve uno por uno cuantos ultrajes y dolores ha de sufrir, y cuantos son éstos, tantos son los impulsos de resistencia por parte del alma sensible; mas esta mis- ma alma racional con gran fervor acepta uno por uno estos desprecios y tormentos como una obligacion que El mismo se ha impuesto, y que su Padre ha aceptado; y por eso , cuantas veces representa su repugnancia natural & padecer y morir, otras tantas ailade que no quiere que se haga su voluntad, sino la del Padre. Si hemos de pretender imitar 4 Jesucristo, es preciso que nos arrojemos con toda confianza en los brazos del Sefior, y tengamos una fé verdadera, creyendo y espe- rando que nos puede dar y nos ha de conceder lo que le pedimos para nuestra satisfaccion. Al mismo tiempo, re- nunciando 4 nuestros deseos mundanos, hemos de refun— - dir todas nuestras aspiraciones en una sola, que es hacer E
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