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é nos asalta; y si llega 4 caer sobre nosotros, nos abate la naturaleza doliente, y el sentido herido exprime su dolor; pero la razon, ilustrada por la fé, entra 4 moderar en se- guida los arranques de la naturaleza, contemplando que la materia se ha de someter al espiritu, la criatura al Criador, la parte inferior 4 la superior, y movido y exci- tado el hombre por la gracia, se humilla bajo la mano del que mortifica y vivifica, conduce al semaicre y nos resucita 4 la gloria. ;Oh bondad, oh amor de Jesus, que se sujeta y humilla 4 obrar segun los sentimientos de nuestros corazones, para elevarlos de este modo, sacén- dolos de la atmédsfera de los sentidos y conduciéndolos hasta la perfeccion que une nuestros deseos 4 los de Dios! No nos prohibe Dios que le expongamos nuestros de- seos ni que nos quejemos 4 Kl amorosamente cuando la parte sensible nos representa los males que nos aquejan. como enormes 6 insoportables. Padre amoroso cual es, debemos acercarnos 4 El con toda confianza, pues el mis" mo Jesucristo nos dice que oremos, que pidamos, que llamemos y que hagamos todo esto hasta con inoportuni- dad (Luc., cap. x1, versiculos 8, 9 y 10); mas al pedir &@ Dios lo que favorece al sentido es preciso afiadir siempre una palabra de conformidad con la voluntad divina; asf, posponiendo nuestra voluntad 4 la de Dios, de las cosas humanas nos elevamos 4 las divinas. (D. Agust., Zract. Lit in Joann.) ;{Cuantos se pierden para siempre por pedir segun los deseos de su corazon, mas que segun los desig- nios celestiales! ;Ay! Muchos piden al cielo riquezas, honores y grandezas humanas, y Dios se las da quizas en su ira, y abusando de ellas, pierden las riquezas del cielo, sacrificandolas 4 un poco de vanidad que pasa como el humo. Muchos oran y piden sin recibir nada, y es porque no son conformes sus deseos a la yoluntad divina. Manifiesta tambien Jesus en estas palabras la obe- / teitisites
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