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ser hijos suyos mds que en el érden de la gracia; y esto no por nuestros méritos, ni porque Dios tenga obligacion aiguss, sino por pura misericordia. _ Jesucristo, al contrario, es el Hijo engendrado entre los resplandores de la Santidad, Dios de Dios, Luz de Luz, con- - sustancial 6 igual al Padre; nosotros lo llamamos Pa- dre nuestro, porque nos ha adoptado por sus hijos, y nos engendra 4 su gracia, perdonandonos nuestros pecados; mas Jesus lo llama Padre mio, porque, unida Ja natura- leza humana 4 la divina bajo una sola persona increada y eterna, es el Hijo unigénito propio y natural del Padre. jAy! Jesus, que es el Hijo de Dios, al verse afligido como hombre, no busca el consuelo’ sino en la oracion. % Por qué no hemos de imitar nosotros 4 nuestro Redentor, que nos ha sido dado por Dios como Maestro y modelo que hemos de seguir? Tenemos cada dia mayores pruebas de nuestra debilidad, pues caemos miserablemente en el pe- ‘eado: las pasiones pretenden arrastrarnos con violencia, turbando 6 inquietando nuestro corazon; y sin embargo, geonfiamos en nuestras fuerzas, y no acudimos 4 la ora- cion, como Jesucristo nos lo ensefia con su ejemplo? | Oh, Teauss mio! Se me parte el corazon de dolor al ver que en todo pienso ménos en imitaros: debia yo gemir, suspi- rar, llorar y postrarme noche y dia aplacando tu justi- cia 6 implorando tu misericordia, y, en vez de hacerlo, me encuentro frio, sin fervor, sin amor tuyo. ; Ay de mi! Soy polvo y ceniza; gy no me humillo viendo 4 mi Jesus, que es el Hijo de Dios, postrado en el duro suelo? Con- cededme j.oh amable Jesus! un poco de aquel fervor, de aquella ternura y humildad que tuviste en el huerto, para que, humillandome yo hasta el polvo, suban mis ora- ciones hasta el cielo. 3." Postrado Jesus ante el acatamiento divino, ma- nifiesta con su corazon tierno y sincero todos los senti- mientos que abriga en su seno. Padre, dice, todas las
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