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del cielo. Y como si fuera un sér despreciable, un hom- bre plebeyo 6 un pobre esclavo que se arroja 4 besar.la tierra que pisa su sefior, 4 quien ha desobedecido, asi Jesus se arrodilla, se postra y humilla su frente hasta el polvo, regandolo con dos torrentes de lagrimas que bro- tan de aquellos ojos mas hermosos que los astros del fir- mamento. Al mismo tiempo, exhalando de lo intimo de _ su pecho una palabra de amor, de ternura, de confianza y de consuelo, habla 4.su Padre, y le dice: «Padre mio, si es posible, pase de mi este caliz.» (Math., xxv1,' 39.) éQué lengua podra exprimir dignamente toda la ter- nura con que Jesus se dirige 4 su Padre? Otras muchas veces ha hablado con £1 en presencia del pueblo y de sus discipulos, y lo ha Namado simplemente Padre; ahora que se halla envuelto entre las mayores angustias y cla- ma al cielo pidiendo su auxilio, no se contenta con Ila- marlo absolutamente Padre, sino que aiiade una palabra mas como para excitarlo y moverlo mas eficazmente, di- ciéndole Padre mio. Nos habia.ensefiado 4 llamar a Dios nuestro Padre (Math., cap. vi, vers. 9) cuando nos diri- gimos 4 Fl en la oracion; y ahora que la tribulacion ha empezado 4 turbar el espiritu de Jesus representando la naturaleza individual de cada uno de los hombres en si mismo, exhala voces de dolor y derrama abundantes la- grimas , pidiendo al Padre que lo libre de la muerte (He- breor., cap. v, vers. 7), y le dice lleno de amor: Padre mio. Estonos hace comprender que el dolor interior de Je- sucristo es en aquellos momentos de una intensidad sin limites, pues para suplicar 4su Padre y hacerle como una santa violencia, le hace presentes todas las prerogativas que le son innatas por la generacion eterna. Porque, en verdad, todos los hombres podemos llamar 4 Dios nuestro Padre, ya porque procedemos de El, ya porque nos ha adoptado en su Hijo: mas no somos de su sustancia , ha- biéndonos criado de la nada, ni la adopcion nos eleva &
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