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no hacemos oracion con instancia cotidiana , ‘como nos ensefié Jesucristo. Ademias nos ensefia Jesucristo el modo de consolarnos en las calamidades publicas y en los trabajos que nos su- cedan, lo que hemos de hacer, no pasando el tiempo con nuestros amigos, preguntando novedades y satisfaciendo lavana curiosidad y disipandonos mas y mas con las men- tiras inventadas por hombres desquehacerados, sino acer- candonos 4 Dios para decirle llenos de resignacion lo que dijo 4 su Padre nuestro adorado Jesus cuando toda una ciudad se preparaba & consumar su extincion: Padre mio, hdgase tu voluntad. ,No es digno de lamentarse el ver que hoy dia puede decirse de los cristianos que, como en otro tiempo los hombres vanos é iddlatras (Actor., xv, vers. 21), no se ocupan sino en decir 6 en oir algo de nue- vo? ;Ay! Za tierra toda , dice un Profeta, esté desolada, porque no hay ninguno que considere en su corazon. (Je- remias, x11, 11.) ;Oh Sefior! Vos que me inspirais la ne- cesidad que tengo de orar, dadme el espiritu necesario de la oracion, pues sin él ni puedo empezar ni aprovechar. Yo prometo por mi parte-no dejar la oracion ni un solo dia, y ademas tener siempre mi pensamiento en Vos; y ya que Vos me mandais que ore, espero la gracia nece- saria para cumplir este precepto. 2.° Separado Jesucristo de los ocho discipulos, é in- ternandose en la soledad con Pedro, Juan y Santiago, empezé 4 comprimirse su amabilisimo corazon, agolpin- dose 4 su alma santisima una muchedumbre de pensa- mientos que lo afligen y lo llenan de tristeza; y es ésta tan desoladora, tienen tal influencia en aquellos momen- tos las ideas sobre £1, que la palidez se pinta en su ve- nerable rostro, declarando 4 los discfpulos privilegiados que su alma estaba triste hasta la muerte. (Mat., xxvr, vers. 38.) Asi el Maestro celestial, que habia manifesta- do con infinitos milagros su naturaleza divina, y habia
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