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dad vista por los Apéstoles en los momentos que prece— dian 4 su dispersion, habia de quedar profundamente gra- bada en sus espiritus, aprendiendo en aquella escuela sublime que el reposo y la serenidad del alma, una vez perdidos, se han de buscar en la oracion. (Crisost.: Hom. Lxxxul in Math.) j Qué sabia y racional es esta leccion que nos da Jesu- cristo! Asi como no podemos pasar un solo dia sin dar al cuerpo el alimento, tampoco podemos sostener la salud de nuestra alma si no la proporcionamos la refaccion en la oracion, {Agustin: De Salut. Monit., cap. xxvut.) Del mismo modo, cuando nos vemos aopmetidis por una ad- versidad superior 4 nuestras fuerzas, llamamos en nues- tro auxilio 4 los amigos que nos ayuden y favorezcan. {Con cuanta mas prontitud y necesidad no hemos de acu- dir 4 nuestro amigo verdadero, que es Dios, en las angus- tias que suscitan cada dia 4 nuestra alma el demonio, el mundo y la carne, para que nos libre de sus ataques y nos dé la gracia para vencerlos! Jesucristo nos da ejemplos todos los dias, pues apenas ha concluido las obras de la vida activa predicando é instruyendo, se retira 4 la con- templacion ; y cuando amenaza la borrasca de la gran tribulacion. , se apenta de wos diovipalus y va @ buscar en el retiro lo que sdlo puede dar Dios, no la criatura. ; Mi- serables de nosotros! Para todo tenemos tiempo ménos. para orar: empleamos cada dia muchas horas en negocios mundanos, y concluidos éstos, buscamos medios de pasar el tiempo en visitas intitiles, en paseos y recreaciones, en conversaciones ociosas, y quizds en diversiones pro= fanas, y no nos acordamos de dedicar siquiera media hora a contemplar las grandezas del amor de Dios hacia nos- otros, la acerbidad de la Pasion de Jesucristo, la muerte, el juicio, elinfierno, la salud y los intereses de nuestra alma. Asi caemos en toda tentacion y somos esclavos de nuestras pasiones, porque, 6 por pereza 6 por vanidad,

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