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cual es el estado de tu alma, y cuan léjos estas de ser discipulo de Jesucristo, cuando no has querido sufrir alin nada por su nombre, Diras que no se ha presentado - Ja ocasion, que ningun tirano te ha obligado 4 confesar el nombre de Cristo; pero dime: si el caso se presentase» acrees que darias tu vida por Jesucristo? ; Oh juicios del Sejior! ;Cudén incomprensibles son! Posible es que el Se- fior, que de las piedras puede levantar hijos 4 Abraham (Luce, m1, 8), te diese tanta gracia, que , correspondien- do 4 ella, te hiciese capaz de morir por su nombre. Mas, entre tanto, advierte que probablemente harias enténces lo que has hecho hasta ahora. Dices que ningun tirano hay hoy dia enemigo de Cristo. ,Y qué otra cosa es ese mundo vano en que vivi- mos? ,Cémo te conduces con este tirano? 4Le resistes en sus continuas pretensiones? Has defendido el nombre de Dios, pudiendo hacerlo, cuando en tu presencia lo ha ultrajado? Has cedido 4 sus halagos? 4 Vas 4. sus espec- taculos, donde sélo se respira orgullo, vanidad 6 inmo- destia? gSigues la corriente con los que murmuran sin cesar de la vida del prdjimo, 6 tienen la osadia de tratar la Religion de fanatismo, y sus misterios de paradojas? 4Tienes tu corazon apegado al oro y 4 las comodidades terrenas? ;Ay! Como si el Evangelio de Jesucristo hubie- se ya prescrito, veo que me he eximido de observar sus preceptos, faltando gravisimamente 4 la caridad, mur- murando con los que murmuraban, y 4 la justicia, des- trozando la fama de mis hermanos con las lenguas dolo- sas; advierto que he callado cuando la impiedad mordia cruelmente la Religion y. ultrajaba 4 sus ministros; y todo esto lo he hecho por no disgustarme con un mundo cuya vanidad me ha obcecado. ;Oh Dios mio! Conozco que mis pasos me conducen 4 la perdicion; no he queri~ do hasta hoy padecer nada por vuestro amor, ni resistir © & esa persecucion clara y manifiesta con que el mundo
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