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: F = 5 , 496 milde y generoso 4 la turba, que se aprestaba para ir & buscarlo y prenderlo. «Todos vosotros, les dice Jesus al empezar 4 andar, padecereis escéndalo en mi esta noche, porque escrito esta: heriré al Pastor y se descarriaran las ovejas del rebafio.» (Math., xxv1, 31.) Apenas oyeron los discipulos estas palabras, comprendiendo lo que el Divino Maestro queria significarles, salié de sus corazones con toda la vehemencia del amor aquella protestacion, digna por cierto de mejores resultados, de que todos estaban dis- puestos, no sdlo 4 no departirse desu lado, sino tambien 4 morir con El. (Mare., x1v, 31.) En efecto: habian re- cibido dentro de sus pechos el pan de los angeles, y se hallaban por aquellos momentos inflamados en amor de su Maestro divino ; sin embargo , como atin no conocian todas las astucias del enemigo y habia en ellos algun _ resto de miras ambiciosas, pues hacia pocos momentos que se habia suscitado entre ellos la cuestion de la supre- macia, no veian que unian al deseo de oir las palabras de su Maest.o, una demasiada confianza en si mismos, como si padiends ellos con sus propias fuerzas lo que unicamente alcanza el hombre con la ayuda de la, gracia divina. Pocas horas despues una triste experiencia en- seiié 4 los discipulos que no basta agruparse alrededor del Maes.ro y oir su voz,si no esta uno fundado en la hu- mildad, desconfiando de si y fidndose tinicamente en la gracia celestial. - El orgullo es el enemigo capital de la fé. (S. Aig lib. v De Civ. Dei, cap. xtv.) Los discipulos, en los mo- mentos de entusiasmo, creyeron que era cosa facilir 4 la carcel y 4 ]Ja muerte con su Divino Preceptor; habia en ellos amor y fe: vor, pero tambien hubo presuncion, pues prometian hacer lo que no les era posible con sus propias fuerzas. ¢Y no es ésta la causa de nuestras muchss caidas? Presumimos de nosotros mismos, y no nos hu-

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