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Si pretendemos ser algun dia ndiadiall celestial, es preciso que miéntras estemos en este a imitemos 4 los Santos; éstos eran tan agradecidos 4 las misericordias del Sefior, que dia y noche no hacian mas que bendecirlo; y en el cielo no hacen otra cosa que con- tinuar el cdntico de alabanzas, que siempre es nuevo, porque jam4s se hartan de dar gracias 4 Dios. En vista de estos ejemplos, no puede uno ménos de avergonzarse, con- siderando que en vez de haber agradecido 4 Dios los be- neficios sin nimero que nos ha hecho, lo hemos ultrajado infinitamente con nuestros pecados. Prometamos , por tanto, al Sefior no faltar en ningun momento de nuestra vida 4 la gratitud debida 4 sus favores, pues haciéndolo nosotros asi, Dios multiplicara en nosotros sus dones, y nos sentiremos cada dia mas fuertes para despreciar 4 un mundo que nos incita 4 ser desagradecidos al Criador, privandonos de su amor y de sus recompensas, miéntras él nos pagara, si le servimos, por nuestra desgracia, con la ingratitud, y nos mirard con menosprecio cuando no seamos utiles 4 su loca vanidad. 2.° Despues de haber rezado el himno de alabanzas 4 su Eterno Padre, Jesucristo, acompafiado de sus once discipulos, emprendié la marcha hacia los olivares del _ huerto de Getsemani. Muy digno es de meditarse cuanto hacen y dicen los discipulos:en este ultimo viaje: todos a porfia se agrupan alrededor de su Santisimo Maestro, deseosos, por una parte, de oir con singular ahinco sus -iiltimas lecciones, y temerosos, por otra, y llenos de ter- ror, porque saben que van a perderlo. ; Ay! Son como los polluelos, que al sentir un ruido extrafio se apresuran & cubrirse bajo las alas de la gallina, apreténdose unos & otros, y disputandose con igual amory temor la prima- cia de la mas intima proximidad. Asi va caminando la sagrada compaiiia hasta atravesar el torrente del Cedron y llegar al sitio donde Jesus iba 4 esperar con 4nimo hu-

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