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* <e ' “ >) ee 489 a sie es hermanos aquel amor que Vos me habeis aan ue les tenga. Verdaderamente he hollado este mandamiento, que me hiciera con su observancia exacta semejante& Vos, cuya caridad tanto se ejercité con el traidor Judas como con el discipulo amado. Bien comprendo que no soy digno de misericordia; pero la espero, y junto con ella la gracia, para que mi corazon, purificado de sentimientos terrenos y mundanos, no amea nadie sino en Vos, por Vos y para Vos. Asi lo espero de vuestra misericordia infinita. 3.° Consecuente a este amor que Jesucristo nos man- da que nos profesemos los unos @ los otros, que deriva ‘del que le tengamos 4 £1, el Divino Maestro ensefia & sus discipulos dos verdades, que son el fundamento de la perfeccion, y sin las cuales no podremos dar un paso en la virtud, y son el conocimiento de Dios y el de nosotros mismos; conociendo 4 Dios, lo amaremos por sus perfec- ciones infinitas y por los beneficios tambien infinitos que nos ha hecho, movido por esta caridad eterna; cono- ciéndonos 4 nosotros mismos, veremos que no somos sino miseria y barro, que nada podemos con nuestras fuerzas , sino con la gracia del cielo, en dérden & nuestra santificacion, y que siendo el mandamiento del amor fraternal superior 4 las fuerzas de la naturaleza humana, no de éstas, sino del influjo de aquélla, habfamos de es- perar su cumplimiento exacto. Considera qué doctrina tan sublime encierran las pa- labras de Jesucristo respecto de la primera:verdad, y con qué suavidad y dulzura Ja insinvia en el 4nimo de sus discipulos. «No os llamaré siervos ya, les dice, porque el siervo ignora lo que hace su sefior; mas 4 vosotros os he llamado amigos, porque os he hecho conocer todas las cosas que he oido de mi Padre.» ,Y cuales eran estas co- sas? Que fl y el Padre eran una misma cosa, por no tener sino una esencia y una naturaleza; que el Padre'y el Hijo eran dos personas realmente distintas, pues éste

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