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SSD eT eee rg ate : ye Ba atk ’ ? are Tee ee que la image n de Dios: este amor abraza 4 todonl buenos y malos, amigos y enemigos, bienhechores y adversarios, agradecidos é ingratos, pues asi nos ha amado Jesucristo, y quien no tuvi ese esta caridad no puede entrar en el cie- lo. Es preciso persuadirnos que el amor al.prdjimo no es -de ningun mérito ni valor para el cielo, si no es amado en Dios, por Dios y para Dios, pues entdénces es confor- me al modelo q ue nos presenta Jesucristo en si mismo. No en vano J esucristo llama 4 este precepto suyo, di- ciendo: «Este és mi precepto, que os ameis reciproca— mente, como yo os he amado.» Porque realmente todos los mandamientos nos vienen de Jesucristo, que es la sabiduria eterna; mas este del amor es suyo por exce- lencia, porque al amor lo hizo hermano nuestro, lo en- cerré en la Eucaristia, y lo condujo al Calvario, y no pretende de nosotros otra retribucion que el amor, de lo que es celoso, pues no quiere que nuestro corazon perte- nezca 4 nadie si no 4 £1}. Asi vemos que ninguna cosa in- cules tanto Je sucristo, ni de ninguna hablé tan expresa- mente como de este amor, para que comprendiéramos la altisima estimacion que hemos de tener de este manda- miento, no sé lo en el entendimiento, sino en la volun- tad y en la practica. (Zract. de Zelo et livor. San Ci- priano. ) Considera, alma as cuanto entrafia este amor para con tus hermanos; no ha de ser el efecto de una simpa- _ tia natural, niel deseo de tu propio bien, ni la gratitud 4 favores recibidos, sino el deseo de Ja felicidad eter- na, y aun dela temporal, si posible fuere, de tus herma- nos. Esta fué siem pre la divisa de los verdaderos disci- pulos de Jesucristo, y con ella discernira este divino Juez al fin del mundo 4 sus escogidos: vera las obras de caridad que hemos hecho, y los motivos que nos han guiado; y si hemos ejercido la caridad en su nombre y por su amor, no perderemos ni aun el vaso de agua fria

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