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* . 4 Vos. ;Oh :amante de ‘in ical Ya que viniste del cielo 4 prender fuego4 la tierra , haced que mi corazon arda y se inflamé todo en vuestro amor. 2.° Despues de inculcar Jesucristo 4 sus discipulos el amor que debian tenerle, demostrandole con las obras que era tan real y verdadero como el que » El nos ha tenido, levandolo hasta dar su vida por nosotros, les muestra la ensejia que los habia de dar 4 conocer 4 los hombres, que es el amor fraterno. Y para moverlos 4 profesarse este amor, no les propone otro modelo que 4 si mismo; porque amando nosotros en el hombre lo que Jesucristo ama, nuestro amor sera semejante al de Jesucristo, no tenien-- do otro principio ni otro fin que Dios. Y, en efecto, Jesu- cristo ha amado 4 todos los hombres sin excepcion, por- que en todos esta impresa la imagen de la naturaleza di- vina: este Dios amorosisimo amé al hombre cuando era inocente, es decir, cuando esta imagen de la divinidad tenia toda su integridad y pureza, y lo amé cuando este trasunto divino qued6 afeado por la culpay herido en sus _ nobilisimas potencias el entendimiento y la voluntad. En una palabra: Jesucristo nos ha amado en Dios, por Dios y para Dios, y por eso, queriéndonos restituir 4 nuestra primitiva amistad con su Padre, bajé del cielo, tomé nues- tra forma, y muri6é en la Cruz. Todo esto hizo el amor de _ Dios para con los hombres. -4Qué amé Jesucristo en los hombres? A su pediecdion San Agustin; pues por eso, distinguiendo su amor de todo amor mundano, afiadié y dijo: «Amaos como yo os he amado.» (Z’ract. xv in Joann.) 4Y qué hemos de amar nosotros en nuestros semejantes? A Dios. Si; este amor no es inspirado por la carne y la sangre, ni brota de la natu- raleza, sino que viene del'cielo; este amor no distingue de naciones, de pueblos, de razas, nide diferencia de opi- -niones humanas, ni dun de distincion de religiones, pues no ve otra cosa en todos y en cada uno de los hombres
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