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hubiera estado no haber nacido, porque , endurecido en el mal, se entregé &@ la desesperacion eterna, pecando — contra el Espiritu Santo. Sepamos, pues, que hemos de preferir morir mil veces antes que hacer una comunion _ sacrilega, pues es el mayor ultraje que hacemos al amor de Jesucristo, y que nos expone a morir eternamente. Asi, alma cristiana, si te has acercado alguna vez 4 la sagra- . da mesa sin haber confesado todos tus pecados por ver— giienza 6 por malicia, 6 permaneciendo en alguna ocasion préxima, que debias y podias dejar, y atin vives y sien- ’ tes en tu interior un vivo dolor de haber cometido este sacrilegio, persuadete que es ésta una de las mayores gracias que Dios te ha hecho. Aprestirate, pues, 4 apro- vecharl a; arréjate 4 los piés de un ministro de Jesucristo, y llora amargamente tus pecados, prometiendo antes de- jarte m atar mil veces que agraviar tan horriblemente al Sefior, porque'si bien, por su parte, el pecador con estos pecados semejantes al de Judas echa una pesada losa a la misericordia divina, ésta, sin embargo, no se cierra miéntras el hombre vive, ni las muchas aguas de los pe- cados extinguen el horno encendido de la caridad infinita de Dios; pero temblemos de despreciar y hollar la gracia de Dios , porque es horrenda cosa caer en sus manos. MEDITACION VII. Sermon de !a Cena. 1.°. Habiéndose retirado el traidor de la amable com- - paiiia de Jesus, se quedé éste con sus once discipulos que estaban unidos 4 Fl en caridad perfecta; y mirando todos 4su Maestro con una especie de éxtasis que los abstraia de todo lo terreno , estaban pendientes de los labios de Jesus. Enténces empez6 aquel razonamiiento sublime del Hijo de Dios sobre el amor que los hombres debian te- . : oie ais eile
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