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4Qué excusa tendremos cuando el Sefior nos juzgue y pida cuenta de las gracias que nos da? ,Qué diremos cuando nos manifieste la suavidad con que nos ha trata- do, la sabia economia con que ha procedido para atraer- nos 4 si, sin violentar jamas nuestra voluntad , convidan- donos con su amor, halagéndonos con sus favores , repre~ sentandonos nuestra eterna desgracia si morimos en peca- do, y moviéndonos sin cesar 4 su santo amor, traténdonos siempre con comedimiento, como lo dice el Sabio (Sapien- tie ,cap. x11, vers. 18), no como 4 siervos, sino como 4 prin cipes, como a hijos? Esto no obstante, nosotros hace- mos lo que hizo Judas, mirando con indiferencia las bon- dades del Sefior, hollando sus gracias y convirtiéndolas en ocasion de un estado horrendo, cual es el del endure- cimiento final y obstinacion en el mal. Y , en efecto, este es el estado de Judas cuando Jest cristo le hace ‘a ultima gracia, entregandose todo entero abrasado en caridad. Miéntras los demds Apdstoles co- mulgan enternecidos y llorando de gozo, Judas permane- ce impasible, riéndose quizas en su interior de la credu- lidad de sus compafieros, reputando por impostura y en- gafio las palabras y acciones de Jesus, y aparentando en su exterior reverencia y amor hacia Aquél que detesta y édia, y que ha determinado entregar 4 sus enemigos. Y asi recibe Judas la sagrada Comunion; siendo digno de ~ notarse que con este acto puso el sello Asus proyectos, se endurecié en la maldad, y no pensé ya mds que en con- - sumar el crimen; lo que se comprendera mejor meditan- do lo que dice el Evangelio, que desde aquel momento entré en él Satanas. ; Ay! No parece sino que este ultimo ultraje 4 la misericordia de Dios era la consigna entre Judas y el demonio, para darsele aquél enteramente y re- cibirlo éste ya como cosa suya, para cercarlo, encadenar- lo y rodearlo de un muro de bronce, para que no entrase ya mas 4 visitarlo la gracia de Dios. Por eso Judas, al poco

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