BCCPAM000591-3-11000000000000

a llacion sera la de un Dios que viene 4 encerrarse en una particula, que de ahi pasa al pecho humano para ser qui- zs arrojado en un rincon de este Santuario, donde hay tantos idolos cuantos son los vicios y pasiones desarre- gladas! Preciso es confesar que el amor de Jesucristo para con los hombres es, no sélo tan fuerte como la muerte, sino infinitamente mas fuerte que cuanto hay fuera de Dios, pues no pudieron apartarle de quedarse con los hombres en la Eucaristia, ni los ultrajes que habia de recibir en los templos, ni los desprecios con que lo ha- bian de tratar muchisimos hombres, recibiéndolo en sus — pechos inmundos. : Se ve, pues, que Jesus, al instituir la Sagrada Euca- ristia, no respira sino amor y humildad; y si esto hace Jesus por cada uno de los hombres, debemos nosotros corresponder al amor infinito, no dando ni una partecita siquiera de nuestro afecto 4 ninguna criatura , sino con- sagrandolo todo entero 4 Dios. Y supuesto que vemos que el amor de Jesus se manifiesta y desarrolla entre las hu- millaciones voluntarias, si nosotros queremos amar al Seiior, hemos de pensar que no somos mas que miseria y nada, hemos de sufrir con paciencia las afrentas y per- secuciones, y llevar con resignacion los trabajos de esta vida, alegrandonos, como hacia San Pablo, en las adver- sidades. : ;Oh Jesus mio, cuyo amor arrebata nuestros corazo- nes, cuya humildad enamora a los espiritus ! Confieso que he vivido inicuamente, y por mi malicia y soberbia he carecido de aquel amor que debia abrasar mi alma, convirtiéndola en esposa tuya. Pero ya que deseo amaros y sé que este deseo me viene de ti, completad la obra, amabilisimo Redentor, aumentando mas y mas vuestra gracia en mi, y con ella yo seré todo tuyo, fundado en humildad y abrasado en caridad.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz