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~ 169 no con caridad perfecta, vayamos primero 4 reconciliar- nos con él, y volvamos despues a recibir este don precio- so. (Math., cap. xv, vers. 23.) jOh Sacramento de piedad! jOh signo de unidad! ;Oh vinculo decaridad! exclama San Agustin. (Jn psalm. xx1.) sQué cosa habra que nos pueda apartar de Jesus? El Pa- dre elerno, para demostrarnos su amor, nos ha dado 4 su Hijo; este mismo Hijo, para manifestarnos cudnto nos ama, se nos da todo entero, sin que lo retraigan nuestras culpas. gQuién dudara, pues, de la piedad divina? La Pasion de Jesucristo es el fundamento de nuestra espe- ranza. ;Qué motivos tan eficaces no tenemos, pues, en el Santisimo Sacramento para esperar nuestra salvacion eterna, cuando sabemos que Jesucristo lo instituyé para que fuese una memoria perenne de lo que sufrié por sal= — varnos! Algunas veces mi alma se abate y se llena de amargura, pensando, y con motivo, que no soy digno de ir al Paraiso, porlo mucho que he ofendido al Sefior; te- mo, me horrorizo de mi ingratitud, tiemblo, y me digo 4 mi mismo: «jAy! ,Quién sabe si Dios me perdonardé tan- tas ofensas, y me salvara de caer en el infierno?» Pero al momento vuelvo mis ojos al augusto Sacramento, y veo alli 4 mi amado Jesus, que me esta esperando con cariiio, convidandome con su gracia y con el manjar celestial. Todo cuanto hace Jesus al instituir el Santisimo Sa- crificio de su cuerpo, me demuestra que mi esperanza no es infundada; Jesus da gracias 4 su Eterno Padre por haber llegado 4 aquella hora; Jesus se da 4 sus discipu- los para que se alimenten con El, mandandoles que re- nueven este mismo convite cada dia en memoria del infi- nito amor que les tiene: lo que mas deseaba Jesus era Wlegar 4 este momento, en que va 4 darse en alimento al hombre; lo que es mas amargo para Jesus, que es su Pa- sion, quiere que se lo hagamos presente siempre que lo recibimos. gY para qué? Para perdonarnos por los méritos

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