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168 sagrada Mesa, y la materia de que se vale, para que comprendamos que en Jesus todo es amor, todo tiende a la union, y todo respira caridad. En la misma ciudad de Jerusalen, quizas no léjos del Cenaculo, se han reunido los principes del pueblo, y han decretado la muerte de Jesus; y quizds tambien en el mismo momento de la cena eucaristica , cuando Jesus, lleno de paz y amor, esta re- galando a sus discipulos con el suavisimo manjar de su _ cuerpo, sus enemigos discuten sobre los medios condu- centes 4 apoderarse de su persona para darle mucrte; es decir, que cuando los hombres maquinan contra Jesus injusticias, afrentas, deshonor y muerte, Jesus, que lo ve todo, léjos de enojarse contra ellos, abre el tesoro mas oculto de su amor, y se loda entero. ; Oh bondad infinita! ; Oh caridad admirable! Aquel amor de Jesus, que ardia de continuo al acercarse 4 su fin, levanta sus llamas y las derrama por todas partes como un volcan largo tiempo comprimido; y ni las aguas de nuestros pecados, ni el hielo de nuestra obstinacion, pueden apagar este fuego. Por eso Jesucristo escogié para materia de esta mesa sagrada lo que mejor que todo significa su pasion por una parte, y por otra el gran objeto de la institucion: dntes que el pan sea verdaderamente pan que alimente al hom- bre, es triturado, molido, amasado y cocido al fuego: asi Jesucristo, para ser pan de vida, es triturado en su Pasion santisima, es atormentado de mil maneras, hasta que es- pira 4 fuerza de tormentos. Del mismo modo para formar- se el pan es necesario que concurran muchos grands que, unidos, no forman sino un cuerpo sustancioso; asi como para hacer el vino es necesario exprimir muchos granos, formando del jugo de todos el precioso licor gue alegra el corazon humano. Por lo tanto, Jesucristo quiere que los hombres sean todos una misma cosa én la caridad y union santa, y nos manda que si al acercarnos al altar nos acordamos que no estamos unidos 4 nuestro herma- =a

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