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oe 166 3 ; los hombres hasta la consumacion de los siglos, Jesus determina instituir el sacrificio de la Eucaristia, convir— tiendo en su cuerpo Ja sustancia del pan y en su sangre la sustancia del vino, para que los hombres lo reciban | bajo las especies de aquellas dos sustancias que ya no son ni pan ni vino, sino el verdadero cuerpo y la verda- dera sangre de Jesucristo. Asi, en su infinita sabiduria, concilia Dios lo que no puede comprender la razon hu- mana estando 4 un mismo tiempo Jesucristo todo entero sentado 4 la diestra del Padre, y todo entero tambien bajo. los accidentes del pan y del vino; de manera que quien come este pan de los angeles, recibe el cuerpo mismo que murié en la Cruz, la sangre que empap6 el Calvario, y juntamente viene 4 él aquella alma que tan afligida se vié en el huerto, tan humillada en los tribunales infeuos, tan abatida en el camino del Gélgota, y tan desampara- da en su agonia. Y lo que mas es, lo que tiene extaticos. 4 los serafines, que envidian la dicha del hombre, es que ni el cuerpo, nila sangre, ni el alma de Jesus pueden conyertirse en alimento del hombre, sin que al mismo tiempo reciba junto con la naturaleza humana la divina, la persona del Verbo, el esplendor de la gloria del Padre, la divinidad toda entera. Llega 4 tal exceso el amor de Dios hacia el hombre, que se ha puesto un limite del cual no puede pasar des- pues de haber realizado esta obra. Si: Dios es sapienti- simo, Dios es omnipotente, Dios es riquisimo; pero ha- biendo instituido el Santisimo Sacramento, nada mas pue- de inventar su sabiduria, nada mas puede ejecutar la fuerza de su brazo, nada més puede dar de sus tesoros; hasta este momento nos diera su gracia y sus bienes; ahora se da 4 si mismo con su divinidad, con su omnipo- tencia y todos sus atributos. ;Oh amor infinito de nues- tro adorado Jesus! Al considerar esto, hay para decirle con Santa Maria Magdalena de Pazzis: Jesus mio, gt esids —

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