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Para eso le pone delante de los ojos un cuadro horroroso de ingratitud, mostrandole en esto que era Dios y que le interesaba su salvacion como la de los demas Apéstoles, supuesto que no omitia ningun medio para convertirlo. (Augustin, Tract. ux in Joann.) Trabajaba, por lo tanto, el dulcisimo Jesus por prepa- rar 4 un pecador por medio de la conversion para qué lo recibiese dignamente: asi se dirige tambien 4 lavarle los piés, como lo hiciera con los demas. Pero gquién no se horroriza al ver el endurecimiento de Judas? No ha ha- bido uno que no se haya conmovido al ver 4 su Maestro postrado 4 sus piés; sdlo Judas permanece insensible; y miéntras Jesus pasa sus benditas manos por aquellos piés que corrian 4 la perdicion, Judas lo mira con cefio sa sombrio, con actitud inmévil , pensando quizas que muy pronto iba 4 recibir una recompensa por entregarlo ala Sinagoga: asi el tigre dirige una mirada fija y sanguina- ria al cordero que tiene delante , cuyo mas pequeiio mo- vimiento espia, deleitandose y relamiéndose de antema- no en su sangre. Si Judas no rechaza & Jesucristo de sus piés, es porque cree que disimulando concluira mejor sus operaciones solapadas y aleves. jAy! Cuanto hace Jesus con Judas para disponerlo 4 la Comunion por medio de una conversion sincera, lo ejecuta tambien con los pecadores, y lo ha hecho mil veces conmigo mismo. Esas inspiraciones continuas que el Sefior nos manda, representaéndonos cuanto ha pade- cido por salvarnos, esas fuertes aldabadas que se oyen en nuestro corazon exsndo pecamos, 4qué otra cosa son sino llamadas de Jesus, avisos de Jesus, que nos dice que le shemos vendido por un vil placer, y que si no hacemos penitencia, caminamos con paso veloz al infierno? ;Oh cuantos Judas hay en la tierra que, vistiéndose con el manto de la hipocresia, no rechazan publicamente 4 Je- sus, maquinando contra E] abominables traiciones! ;Cuan-
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