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jaban de creerlo, Ene les hastabs la palabra ‘del Hijo de Dios. Perseverando, pues, en esta fé, y siguiendo constan- tes 4 su Maestro, llegé el momento en que iban 4 parti- cipar por primera vez de los misterios divinos , comiendo aquella.carne y bebiendo aquella sangre. Y para prepa- rarlos 4 tan admirable convite, les lavé los piés, déndo- les una leccion practica de la mds profunda humildad, para en seguida darles otra, tambien practica, de la mas sublime caridad. En la contienda amorosa que medié en- tre el Maestro y el primero de sus discipulos al lavarle los piés, se echa de ver que todos ellos, ménos uno, es- taban en gracia; pero al mismo tiempo se advierte que, esto no obstante, necesitan de que se les laven los piés _ por las manos de Jesus. (Joan. , xi, 10.), Raciocinemos, pues : el Sacramento que iban 4 reci- los Apdstoles.es un Sacramento de amor, y para reci- o dignamente es preciso que el corazon humano se desprenda de todo amor terreno, y purificandose hasta del polvo de la tierra, se inflame todo en el amor de Dios, y -asi se acerque & iil. Los piés, que es con lo que inmedia- tamente tocamos 4 la tierra, indican, dice San Agus-. tin (7ract. uv in Joann./, los afectos humanos, sin los cuales no vivimos en este mundo. Esta lavado el que vive en gracia de Dios sin cometer pecados graves; su cabeza, es decir, su intencion esta limpia; sus manos, es decir, sus obras, tambien lo estan; pero los piés no pue- den estar limpios del todo, porque algunas veces cede el animo 4 la vanidad mas de lo que conviene, y si Cristo no los lava, no podemos tener parte en Fl. _ Si Jesucristo con sus manos lava 4 sus discipulos para que sean dignos de recibirle, seal es que, sin su gracia, nada podemos en 6rden 4 nuestra santificacion; sefial es tambien que quiere el Seiior que.nos prestemos con doci- lidad 4 ejecutar lo que para conseguirla £1 mismo nos.

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