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V.: Hemos descubierto el ménstruo, mejor dicho, el con- junto de ménstruos : este ménstruo es el protestantismo: el protestantismo, que empezé por la caida de Lautero, que era antes como una estrella en el cielo de la Iglesia, pues nos dice la historia que en su juventud daba sefia- les de ser un religioso de vida arreglada y hasta ejem- plar, se robustecié por la agregacion de otros muchos parecidos 4 él en su profesion sacerdotal y en su apos— tasia , y se hizo temible por haberse afiliado en él prin- cipes y pueblos poderosos , se presenté con todos los ca- ractéres que sefiala el libro sagrado de la revelacion, feroz como los corceles que ntran en batalla, hambiento de bienes terrenos para devorar como los leones, abrasado en el fuego de la lujuria como mujer sin honor y sin pu- dor, y dispuesto 4 ir inoculando su tésigo en los hom- bres, como lo hacen los escorpiones con la ufia venenosa, al clavarla en quien tropieza con ellos. El protestantismo se presenté 4 combatir contra la civilizacioné ilustra- cion del Evangelio, 4 destruir toda autoridad , y'& intro- ducir en la sociedad una idolatria nueva, la idolatria del racionalismo, mas funesta para el mundo que la antigua de los pueblos barbaros; y hay que decirlo con toda li- bertad: 4 él se le deben todas las revoluciones modernas, y esas nomenclaturas de los derechos del hombre con ol- vido de todos sus deberes , esos derechos que se llaman ilegislables 6 inmanentes, y que pudiéramos llamar de- rechos de oscurantismo y de confusion tenebrosa , pues se intenta dar una inmanencia que es sdlo propia del Sér infinito al sér de un dia, al que, puesto en parangon con Dios, es un gusano. Estadme atentos, y comprendereis, mis amados oyentes, que el protestantismo es el des- tructor de la verdadera ilustracion. ae . oe

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