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et de tener tantas alternativas, cuantas son las volubilida— des del hombre, 4 quien Dios concedié la honra inesti- mable de que libremente abrazase el bien; pero que, herido por el pecado de origen, contrajo la enfermedad _ de propender con facilidad al mal: unos hombres, abu- sando de su libertad natural, no levantarian sus ojos al cielo, se desdefiarian de conocer 4 su Criador y de ala- barle, y lo despreciarian y ultrajarian ; otros, correspon- diendo 4 la gracia del cielo y haciendo buen uso de su libertad, lo adorarian, lo temerian, lo alabarian y lo en- salzarian, haciendo todas sus obras para honra y gloria del Seiior. Pero gse creera que los ultrajes y los menos- precios de los primeros derogarian en algo, dun 4 esa gloria exterior que las criaturas racionales dan 4 Dios? No, mis amados hijos; porque hay un dia , y este dia ha de llegar, en el cual el impio, el blasfemo, el perjuro, el malvado han de rendir homenaje publico, solemne y uni- versal 4 la justicia y santidad divinas, ya que, cuando vivian en la tierra, no lo quisieron rendir 4 su miseri- cordia; porque, habiendo criado Dios todas las cosas "para su gloria, destiné al impfo para que se la dé tam- bien en el dia malo (Prov., cap. xvi, vers. 4), en el dia de su muerte, y en aquel en que el Hijo de Dios ha de juzgar al mundo entero. Y es precisamente esta alternativa la causa de hallar- nos todos nosotros reunidos hoy en este sagrado recinto. Es hoy un dia de gloria para Dios, de fiesta para los an- geles, de regocijo para los homed; de triunfo para la fé, de alegria para la Iglesia, de contento para la Espa- fia, siempre catdlica, y lo que mas encanta nuestros co- razones, loes de dicha, de paz y de regocijo celestial para esos nuestros hermanos, que vienen hoy 4 dar un testimonio publico y solemne de su fé, y de que quieren dar gloria 4 Dios en sus obras. Siempre, por tanto, pero hoy con mas razon, podemos y debemos alabar 4 Dios ,

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