BCCPAM000591-3-10000000000000

un anciano venerable, que con palabras dulces y enérgi- cas, con una elocuencia propia de la Religion, lo atra- jera, lo enterneciera y lo ganara a Jesucristo; era el joven Agustin, postrado & los piés de Ambrosio. Bauti- zado aquél, levantando éste sus manos al cielo, anega- dos sus ojos en lagrimas de gozo, entondra lleno de fuego y entusiasmo divinos: «j Dios mio, yo te alabo y te bendigo; te alabo, te bendigo y te adoro en union de esta alma que acabas de santificar.» Ze Deum laudamus, te Dominum confitemur. Il. jOh Dios! Si nuestras palabras han sido la espada | de dos filos que ha herido el corazon de algun pecador; si en las voces que Tu has puesto en nuestros labios al- guno ha sentido aquella voz terrible que hiende los cedros del JLibano y ablanda las piedras; si algun alma ha co- -nocido sus errores y ha entrado por el camino de la ver- dad y de la justicia, tuya es, Sefior, la gloria, tuyo es el honor, 4 Ti pertenece exclusivamente la alabanza: Ze Deum laudamus; & Ti, 4 quien como 4 Padre y Autor de todo bien, adora toda la tierra; 4 Ti, 4 quien como & Rey Supremo sirven los angeles y obedecen los cielos, y ante quien se humillan las Potestades; 4 Ti, en cuya presen- cia los querubines y serafines, llenos de amor y de res- peto, grandiosos himnos entonan, engrandeciendo tu sa- biduria, tu omnipotencia y tu santidad: Zibi Cherubim et Seraphim incessabili voce proclamant. Ill. Justo es que unais vuestras voces 4 las de los espiri- tus soberanos; justo es que asi como el convertido Agus- tin alternara este himno con el obispo Ambrosio, alter-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz