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2) os apa is 422 y miinmaculada; no meniegues la ntrada en tu co— razon.) iors 4Cémo podemos negarnos 4 tan tierno lamamiento: . _ ;Oh Esposo divino! Deseamos unirnos 4 Ti con mas 4n- a sias que el ciervo herido desea llegar 4 la fuente de las aguas; se halla nuestro corazon herido con las saetas de tu amor: 4cémo dejaremos de amarte? Han sido nuestro alimento las lagrimas: gcdmo no acudiremos 4 Ti, que eres nuestra alegria? Hemos padecido hambre y sed: ‘4c6mo nos negaremos 4 tu dulce convite, en el cual nos | hartaras, 6 inebriaras con el torrente de las delicias ce- lestiales? Ven, pues, j;oh Esposo de mi alma! ven; sed todo mio, sed mi unico bien, mi tinica esperanza , mi encanto y mi amor; si meolvidare yo de Ti, olvidese de mnt mi mano derecha; entraras en mi corazon, te estre- _charé, te abrazaré y no te abandonaré hasta que me lle- ves 4 tu amable presencia en el cielo, donde ya no temeré 1 perderte. Ss Saat MISA DE GRACIAS. TE DEUM LAUDAMUS. Treinta y tres afios pasados entre los excesos a que podian dar lugar pasiones violentas, nutridas en la ar- diente Numidia; mil errores sucesivamente adoptados y despreciados por un espiritu que seria el primero entre los grandes y gigantescos ingenios de la Iglesia; mil preocupaciones que atormentaran largo tiempo 4 un alma. viva y perspicaz , deseosa de ser justa, pero retraida por las consideraciones del mundo corruptor; un edificio de maldad, por fin, cae, desaparece, y el erguido fildsofo,. el gran retdrico del Occidente, se humilla 4 los piés de

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