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e] adulterio, los homicidios , los asesinatos, las calum- nias publicas, que se oyen sin vergiienza ni pudor en las calles como en las plazas , en los salones como en las ~ cabaflas, son una consecuencia de haber abandonado los hombres la confesion. No lo dudeis; cuando la reforma de Lutero y Calvino _abolié en Alemania la confesion sacramental, fueron tantos los raptos, robos, adulterios y otros escandalos que se cometian, dice. un historiador, testigo ocular, que, horrorizada la ciudad de Nuremberg, hizo una re- presentacion al emperador Carlos V, suplicandole con- tribuyese con su influjo y poder para que se restablecie- se la confesion. Lo repito, pues, altamente: la confesion es de necesidad absoluta para refrenar los crimenes que se perpetran 4 la sombra de la desmesurada libertad de los hombres. Quiza se me dira que soy un fanatico si.os probase mi aserto multiplicando las sentencias de los Santos y de los Papas. Pero no; no temais oir mas por esta tarde; ahora va 4 hablar el jefe de la impiedad, el filésofo de Ferney y sus amigos; sus dichos y sus hechos van 4 vigorizar cuanto he dicho; y, lo que es mas dolo- roso, la relacion de lo que sucediéd 4 estos desorganiza- dores del pueblo catélico, serd la noticia anticipada de lo que os sucedera 4 vosotros, los que despreciais la confesion. Ved lo que dice aquel impio en sus Anales del imperio (pag. 36), hablando de la confesion: «Los enemi- gos de la Iglesia Romana, que levantaron sus voces con- tra una institucion tan saludable, parece querian qui- tar alos hombres el mayor freno que pudiera ponerse 4 sus crimenes secretos.» Si la autoridad de los literatos tuviera algun ascendiente en el espiritu de los jévenes que aspiran a serlo, yo les recordaria 4 este campeon de la incredulidad, y 4 otros, quienes, despues de una lec- tura insana; despues de haber seducido 4 muchos con “sus plumas elocuentes, pero empapadas en tésigo; des-
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