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llora, se arrepiente, y Dios le perdona. Bien al contrario su hijo Cain, despues de haber afeado la cuna de la hu- manidad con el fratricidio perpetrado en Abel, oculta su pecado, y su corazon es despedazado por los remordi- mientos. Adan confiesa su’ pecado, y Dios le perdona; Cain lo niega, y es castigado con anatema eterno. Si me fuese dado poner ante vuestros ojos el motivo y fin que tenian en los tiempos de la ley natural los sa- crificios de expiacion, veriais que la confesion de los pe- cados es de absoluta necesidad al sér humano: se repar- ten los hombres la tierra, se dividen en familias, se ol- vidan de su origen; embrutecidos entre los placeres sen- suales, pierden la idea de la Divinidad, se imaginan di- vinidades materiales y 4un sensuales como ellos, y en | medio de sus extravios ofrecen sacrificios y libaciones para aplacar lo que ellos llamaban dioses, y esto quiere decir, como afirma un. sabio contemporaneo (Maistre: Des Sacrifices), qae despues que el hombre ha faltado 4 su Dios, no le queda otro recurso que humillarse, confesar sus pecados y pedir perdon; esto indica que la confesion es una necesidad inherente la naturaleza humana, fragil y deleznable; necesidad que es indispensable satisfacer, y de ella encontramos vestigios aun entre las locuras y erronias del paganismo. 4Y cémo obtenia el pueblo en la ley escrita el nice de sus culpas? Por la confesion; consagrado Aaron en ~ Sumo Sacerdote, ordenaba Dios que si alguno pecaba contra la ley se presentase ante el sagrado Tabernaculo, © y ofrecer alli, por medio de los sacerdotes, una victi- ma delerminada por su pecado; ya era un becerro, ya un cordero; por un pecado habia una ceremonia; por otro, otra; cada holocausto tenia su rito diferente y su forma particular, segun la naturaleza, las cualidades y circuns- ‘ tancias del delito: Justa estimationem mensuramque de- licti. (Ley., v1, 7.) Elsacerdote ponia sus manos sobre la

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