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un hijo prédigo. ;Oh! Volved , pues , 4 vuestro Dios, como volvi6 el hijo rebelde a su padre; no hay otro medio, ama- dos mios; la confesion, el dolor y el arrepentimiento son — los caminos para Dios. Esto encierra en si esta parabola: apenas la gracia tocé el corazon del pecador, volvi6 en si, examin6 su situacion, y la lloré con dolor amargo; vinoa su padre, se postré 4 sus pies, y confesd sus crimenes; ved, pues, las tres primeras cireunstancias de la confesion, examen, dolor y manifestacion de sus pecados; luégo si- guen las demas, y el Padre celestial derrama su miseri- cordia. Pero notad que no es Kl mismo quien pone 4 su hijo la ropa blanca: son sus ministros por su 6rden; éstos son los que oyen las faltas del pecador , y con la autoridad re- cibida de Jesucristo para atar y desatar, absuelven al criminal, y le restituyen la vestidura de la inocencia; hasta este punto el pecador habia estado en guerra con- tra Dios, habia faltado 4 sus juramentos, y en signo de fidelidad se le pone el anillo en su dedo, date anulum in manu ejus, le instruye en los deberes que tiene con- traidos con su Dios, le ayuda con sus consejos, le fortifi- ca con sus palabras, le da fuerza para caminar al cielo: et calceamenta in pedes ejus. Ved aqui el sacramento de - la Penitencia ; luégo manda el Padre celestial que se pre- pare el convite para alimentar al alma purificada : «Sube, dice al ministro sagrado, sube 4 ese altar, pronuncia las palabras de la consagracion, baje 4 tus manos el Cordero — sin mancilla, ofrézcase la victima, rodeen el santuario todos los justos, entonen sus melodias mis angeles: dad al pobre pecador ese manjar del cielo, cémalo, para que guste cudntas son las dulzuras de mi Casa, y vea cudn suave es elamor de su Dios.» Ved el sacramento de la Eucaristia. ‘ jOh! No temais, pecadores; venid 4 Jesus : confesad vuestros pecados; si no los declarais al sacerdote, éste no podra absolveros , ni el Padre celestial podra mandar

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