BCCPAM000591-3-10000000000000
tenido la desgracia de seguir las huellas de ese pobre joven en sus yerros, seguidle tambien en’ sus lagrimas con que llora sus pecados, y es la SEGUNDA PARTE. Si el pecador, reducido al estado de envilecimiento y de miseria se endurece en el pecado; si, en vez de levan- tar sus ojos al cielo, dijese en su corazon: «He llegado al Ultimo grado de iniquidad, y quiero perseverar en 6l; beberé la copa del tésigo hasta las heces; buscaré mi ale- gria en mi oprobio, mi consuelo en la esperanza de atraer 4 mi compaiia 4 otros desgraciados,» sin duda estaba perdido como esos peeadores endurecidos y excluidos del cielo por su incredulidad. Pero no siempre prevalece el pecado sobre la gracia, y por mas’ que el pecador sé aparte de Dios por sus vicios, siempre queda en él algun - vestigio del espiritu divino; pues éste, al retirarse del corazon humano, va dejando algunos destellos de luz, asi como el astro del dia va abandonando por grados el hemisferio, hasta que, alejado del todo, envuelve el mun- do en un eaos tenebroso, pero dejando siempre en él las impresiones de su fuego abrasador é iluminador. Si el jéven prddigo hubiese seguido las maximas de la ineredulidad, ya se habia consumado su perdicion; pero no lo hizo asi, dice el Evangelio: volvié en si, in se reversus, y considerando su miseria, se acordé de su padre, y volvié a él. Sigamos sus pasos. ,Qué medios con- dujeron al pecador 4 su Dios? Dos, amados mios. Consi- deré su estado, y se humillé y arrepintid. ,Y qué hizo su padre? Lo recibié en su amistad y lo vistid con la ropa de la inocencia, convidandolo 4 su mesa para que tomase nuevas taarsss en el techo de su padre;
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz