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988 5 e ay ms at = joven prodigo. ;Oh infeliz! gA dénde vas, sin pensar ni en los peligros que vas 4 encontrar, ni en las lagrimas que tu padre derrama al verte partir sin haberle pedido su bendicion? Esta es la ingratitud con que el hombre se aparta de su Dios y le abandona, despreciando sus be- neficios; pero pronto recibira el pago del mismo mundo a quien va aservir. . En efecto; apenas ha entrado el pecador en la carrera de la perdicion,, luégo gasta los bienes del cielo en dar pabulo 4 la lujuria y 4 sus consecuencias. ;Oh! ;Si yo - pudiese explicar la preciosidad de los bienes que pierde el pecador luégo que se entrega 4 las maximas del mun- do y olvida los consejos que recibia en casa de su Padre! Pierde la inocencia bautismal, que es el tesoro mas rico; pierde todas las virtudes adquiridas , el amor de su Dios, y algunas veces la {6 y la esperanza. Todo lo disipa el pecador cuando se aparta del camino de la verdad. Dis#- pavit substantiam suam. Se olvidan las verdades, se aprende el error; nada hay que pueda consolarle en la vida, quien pueda guiarle, quien pueda mostrarle el ca- -mino en sus extravios. Se pierden los bienes de la natu- raleza, y en el seno dé la ociosidad y molicie el talento se aminora, el caracter se debilita y desaparece todo sentimiento noble y generoso. El hombre que abandona 4 su Dios es un sér degradado: 4 veces se destruyen los bienes de fortuna. ;Oh! ; Cuantos prédigos hay reducidos 4 la miseria por haber gastado sus tesoros darido pabulo - &sus pasiones! 4Qué sucedid enténces? Cuando el pobre pecador ha dispendiado cuanto poseia, un hambre extra- ordinaria se apoderé del pais que era el teatro de sus desérdenes: Facta est fames valida. ;Oh! ; Qué parabola tan admirable! Necesario era que el mismo Dios nos la dijese para comprender cuanto en si encierra. La region donde fué el prédigo es el mundo; y aqui, amados mios, todos tienen hambre: el rico se ve lleno de tesoros, nada (ag
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