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eee i ps PRIMERA PARTE. Un hombre tenia dos hijos. gQuién no se admira ai ver la condescendencia y caridad infinitas de nuestro Dios? Pudiera, al proponer su parabola, darse otros titu- los; pudiera decirse Sefior absoluto, Sér soberano, Rey de los reyes, Criador de cielos y tierra, pues 4 todos estos nombres tiene derecho; pero como sabe que la grandeza y majestad mds inspiran temor que confianza, se da el titulo de hombre, para que podamos |legarnos a Fl sin zozobra ; y para inspirarnos mas este amor, no se Hama hombre distinguido por su nobleza ni por sus ha- -zafias, se confunde con los demas y se asemeja 4 ellos en todo: Homo quidam. ;Oh! ;Cémo conviene 4 Dios este lenguaje! A este Dios que se hizo hombre por nuestro amor, y que no quiso distinguirse de los demas sino _ por una bondad-sin ejemplo: Homo quidam. Si algun atributo hay en este hombre, es el ser compasivo, pues es un Padre tierno: Homo quidam habuit duos filios. Este Padre, pues, tiene dos hijos ; pero todos los hijos de Dios, todos los herederos de su gloria, se dividen en dos clases; 6 en justos que han conservado su inocencia, 6 en peca- dores que han llorado sus desérdenes; todos los demas seran excluidos del reino de Dios. Empecemos, pues, la historia del Hijo prodigo ; por ella vereis los caminos de perdicion que va corriendo el pecador por sus pasos contados; primeramente, su or- gullosa demanda en pedir los bienes que le pertenecen; en segundo lugar, la ingratitud en dejar la casa paterna; en tercer lagar, su insensatez en gaslar su patrimonio en lujurias, y en cuarto lugar, en degradarse hasta desear — la comida de los animales viles.
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