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gos 4 que se alegren por haber encontrado la oveja que habia perecido; ya es un Rey compasivo é indulgente _ que perdona 4 su siervo todas sus deudas por haberse postrado 4 sus piés y pedidole gracia; ya un médico cari- © tativo que venda las heridas del doliente herido por los - ladrones, lo conduce al -hospedaje y lo alimenta hasta que recobra su salud. No hay paso en la vida del Salva- _ dor que no esté marcado con el sello de la misericordia. Pero para que conociésemos el exceso de su piedad, para que viésemos hasta qué punto llega su amor al pe- cador, el mismo Jesucristo tomé 4 su cargo el poner delante de nuestros ojos el cuadro admirable de su be- nignidad : ya no nos pertenece, pues, 4 nosotros el ma- nifestaros toda su extension. ;Oh! gY cémo podra nuestra pobre lengua exprimir la idea exacta de este atributo de la Divinidad, que excede todas sus obras? Miserationes ejus super omnia opera ejus. (Psal. xxx, 9.) Entre las pa- rabolas tiernas nos propuso una para que se grabase pro- fundamente en nuestro corazon y memoria, y fué la del hijo prédigo. ,Qué entranas no se mueven al oir esta pa- rabola? 4Qué pecador dejara de esperar, aunque sus des- érdenes hayan sido los mas graves y los mas enormes por su ntimero? Venid, pues, joh pecadores! 4 oir en este dia la voz de yuestro Padre, que, compadecido de vuestra miseria, os convida con el perdon; o os entre- - gueis al temor y 4la desesperacion por haberos extra- - yiado; levantad vuestros corazones al cielo con confianza; . aprended, con el hijo prodigo, a esperarlo todo, no sélo de una bondad infinita , sino de una ternura paternal, de un amor acendrado del Dios que habeis ofendido. No creais que vuestras maldades excedan la multitud de sus mise- ricordias: por mds que le hayais ultrajado, por mas que le hayais dlvidado, Dios es vuestro Padre, y todo su amor se dirige 4 los pecadores. Voy, pues, 4 poneros dos cuadros 4 vuestra conside- ‘ ee meg i Syspe A, a lala en RAE eer ‘ia ; i futon abe

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