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bk P a yep ; F macion de nuestros cuerpos; y asi os la propongo para vuestro consuelo. ;Ah! Este cuerpo, con mas agilidad que el ave, volara de astro en astro y de estrella en es- trella, registrando una por una las grandezas de la crea- cion; nada sera para él atravesar en un momento des-. de el sepulcro hasta los espacios azulados , hasta lle- gar al cielo de los bienaventurados. Si su gozo ha sido - grande al atravesar, como pluma ligera, por los eter- nos mundos, su sorpresa y placer serdn inexplicables cuando éntre dentro del recinto de la celestial Sion. Aquellas calles y plazas tersas y puras como el cristal, aquellas puertas de zafiro y esmeralda, aquellos muros de jaspe, de amatistas, de rubies y jacintos, aquella cla- ridad indefectible y permanente, serdn para el cuerpo, - ya glorioso, objetos tan nuevos, que lo extasiardn en su admiracion. Gradualmente iran entrando los sentidos en nuevos 6 inexplicables goces; alli los antiguos Patriarcas y Profetas; alli los Reyes y capitanes ilustres de las eda- des primeras; alli las Déboras, Judites y Esteres; alli los intrépidos Apéstoles, los herdicos martires , los ana- coretas y penitentes austeros, y las virgénes sin man- cilla; alli nuestros padres y hermanos, que una muerte prematura trasladé antes que gozasemos de su amor; - alli nuestros amigos apasionados, de quienes nos separé la Parca implacable; alli... Pero 4qué hago? Cuando nues- tros ojos se fijen en la humanidad deificada del Hijo de Dios; cuando veamos que un Hombre esta sentado a la diestra de Dios Padre, rodeado de eternos resplando- Tes ; cuando & su lado miremos 4 la bella é incomparable Marfa, su Madre; cuando el conjunto de tantas grandezas celestiales se objete 4 nuestra vista, imposible es decir. lo que nos acaecera. Si Dios no confortase enténces nues- tros sentidos con la gracia de la inmortalidad, se resol- verian nuevamente en el polvo por el gozo de una im= presion tan sublime. Tee

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