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gloria sin fruicion, gqué sera el gozarla en si mismo de- tenida y 4mpliamente? Grande es la dicha de ver las grandezas de un cuerpo glorioso; mas jy el tener estos goces en si mismo, el verse rodeado de fulgores eter- nos, adornado de lauros inmarcesibles, y trasformado enteramente en un sér tan grandioso como desconocido? jCuerpo humano! Cuando ti bajas al sepulcro, no va tu pecho vacio de esperanzas; ese corazon entra en la lébrega mansion con la creencia de la resurreccion. «Mi Redentor vive, exclamaba Job, y creo firmemente que en el ultimo dia he de resucitar, y en esta misma carne he _ de ver 4 mi Dios, y he de ser yo mismo, con mis propios ojos; esta esperanza esta depositada en el santuario de * mi corazon.» Reposita est hec spes in sinu meo. 4Por qué, pues, miseros mortales, por qué colocais sobre los sepulcros de vuestros hermanos el angel de la amargura? ,Por qué los rodeais del triste ciprés y del sauce lloron? Poned la palma triunfadora; esos cuerpos donde moré el alma espiritual se encuentran encerrados en saco feo; mas dejadlos, que, como.el gusano que pasa los frios invernales en negro capuz, han de recibir una animacion mas brillante. 4Veis esa mariposa de alas do- radas, azules y tornasoladas, que va saltando de flor en flor, chupando los jugos mas delicados, registrando to- das las hermosuras de la vegetacion? ,Veis esos arbustos, castigados por las escarchas y brumas, despojados de sus galas, y entristecidos entre los hielos y nieves? De- jad que pasen los dias de la arida frialdad, que al apun- tar la primavera os admirareis de su resurreccion, y los vereis engalanados con nuevas flores, vestidos de nue- vas hojas, gloriosos con nuevos frutos, alegres con la anidacion y canto de las avecillus, risueiios con las fres- eas brisas, y meciéndose suavemente con los suaves cé- firos. Asi el gran Crisdéstomo explicaba la gloriosa trasfor-
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