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376 muerte y resolucion en polvo, se revestira de una belleza que se parezca a la belleza de Dios ,una luz, una fuerza in- vencible, una vida imperecedera, que se asimile 4 la es- piritualidad, al resplandor y 4 la vida de Dios. Hoy , que pasa por el lugar de su destino, lo aflige el hambre, lo consume la enfermedad , lo depaupera el ardor febril, lo extentia la pena y el dolor, lo arrugan los aiios, lo encor- van los cuidados y el trabajo, y lo destruyen los elemen- tos; enténces una hartura eterna ser4 su alimento, el gozo lo inundara como torrente caudaloso, el placer lo inebriard en 6xtasis suave y profundo; no habra llanto, ni dolor, ni quejas, nidolencias, ni decaimiento, porque todo él sera renovado. Baste decir que resucitara , como su prototipo, rodeado de gloria,y para el mismo fin que él, para triunfar para siempre de la enemiga que lo habia esclavizado por algun tiempo: WVovissima autem omnium destructur mors. Cuanta sea enténces la hermosura de este cuerpo,. cuanta la refinacion de sus sentidos, no es asunto con- cebible al hombre, vestido ahora de tosco ropaje. Cuando el Salvador vivia entre los hombres, tuvo 4 bien dejar traslucir una pequeiia réfaga de la belleza del cielo; y iqué prodigio! aquel rostro agobiado por los sudores y fatigas de la predicacion del Evangelio, fué demudado en un gran disco de luz, semejante al sol; sus vestiduras, compuestas de basto burato, aparecieron ligeras como el cendal y candidas como la nieve; y esta pequeiia trasfi- guracion causdé tanto regocijo 4 los espectadores de la maravilla, que uno de ellos, olvidandose de cuanto habia en la tierra, se arrobé fuera de los sentidos, y exclamé: «Seilor, no ‘nos alejemos jamas de esta venturosa mora= da; aqui estamos bien.» Domine, bonum est nos hic esse. Al pronunciar Pedro estas palabras’ sin duda creyé me estaba en el paraiso. Si este éxtasis causa la sola vista momatitéinlel de la

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