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375 nado por el hombre. La gran victoria que él consiguid con su Pasion sobre la mas cruel enemiga del linaje hu- . mano, atin no ha tenido su total cumplimiento. Dios mu- rid en la Cruz, fué encerrado en el sepulcro, y estuvo en él tres dias. gSabeis cual fué el epitafio de la ldpida de esta tumba? El que cincelaron los angeles: Surrexit, non est hic..«Resucitd, no esta aqui.» El mundo va siguiendo su curso; la tierra encierra en sus entrafias a cuantos hijos ha tenido la familia humana, y no cesara de absor- _ berse las cenizas de nuestra mortalidad hasta la consu- macion del mundo. jAh! Pasen enhorabuena mil genera- ciones, y cuenten los siglos un largo periodo de dura- _cion; destruyan los elementos esta obra maestra de la naturaleza animal, que la tierra:sera un gran sepulcro en donde, aglomeradas nuestras cenizas, reposaran con quietud. Mas gseraesto para siempre? No, que el divino Pablo nos ensefia que hemos bajado al sepulcro a conse- cuencia del dominio que tiene la muerte sobre nosotros; pero que esta enemiga ha de ser el ultimo trofeo de las victorias del Verbo eterno: Novissima autem destructur inimica mors. Un dia llegara en que sobre el sepulcro de toda la humanidad se cantara el glorioso epitafio que los angeles compusieron para el de su Rey: Surrexit, non - est hic. «Resucitd, no esta aqui.» aY como? gY para qué? Hé aqui, amados mios, ya re- unidos el original y sus copias; el mismo Apéstol nos lo ensefia, sefialando la edad, la hermosura, los dotes de este nuestro cuerpo , que no seran otros que los del mismo Jesus resucitado en gloria 6 inmortalidad. Agil como el espiritu, sutil como la luz, claro y esplendente como el sol, impasible é inmortal: hé aqui los dotes gloriosos del cuerpo de Jesus, y hé aqui tambien los que adornaran a cada uno de los bienaventurados en el cielo. | Qué pro- digio de trasformacion! Este mismo cuerpo en que ahora no vemos sino miseria, enfermedad, anuncios tristes de

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