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372 dié al gran amigo de Dios; y advirtamos que al suplicar Moisés 4 Dios que le ensefiase su divino rostro, Este no le concedié sino una mirada fugaz y secundaria, y pro- dujo en el solitario del Sinai tan sublime efecto, que le falt6 poco para trasformarse todo en el objeto visto en ménos tiempo que el necesario para exhalar un-suspiro. Aglomeremos, pues, en un solo hombre todo el dis- curso que han tenido y tendran cuantos sabios produce la humanidad. 4Podran comprender la trasformacion que causardé en el alma la vista fija, perenne y descubierta de la Divinidad? Sera el alma imagen de Dios, pero ima- gen completa, extensa y omnimoda; porque hay gram diferencia entre la semejanza y la imagen de un objeto con otro; una fruta es semejante 4 otra de la misma’ es= pecie, y no es su imagen; un retrato podra expresar en sus pinceladas las facciones de su tipo, mas nunca seré su imagen completa, porque las sombras nunca son ima= genes de la luz, ni las figuras pueden representar en todo su complemento la realidad. El arte, es verdad, puede mucho; mas nunca tiene fuerza para igualar 4 la natu- raleza; ésta si presenta al hombre una imagen completa de si mismo, representandolo fucra de si con la misma identidad; nos colocamos junto al estanque de la fuente eristalina, y en la superficie vemos nuestra verdadera imagen ; si en nuestro rostro se pinta la ira, si la triste+ za, si la alegria, si el placer, si-el ddio, si el amor, todo refleja con la mas exacta semejanza sobre el cristal de las aguas; alli vemos nuestras propias bellezas sin nece- sitar del pincel lisonjero de mano extrafia; alli habla= mos, y la imagen habla; lloramos, y la imagen llora ; nos ausentamos, y la imagen se ausenta. Esta bellisima idea es la que nos da el divino Pablo sobre nuestra futura trasformacion; miéntras estamos en la carrera mortal, refleja en nuestras almas la imagen de Dios; somos semejantes 4 El; tenemos un -okiae cuya

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