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Dios de injusto, Mas... jDios injusto! i Dios destituida. de los principios que adornan 4 los mismos hombres, aun en este estado de imperfeccion! ;Ah! Librenos el cielo de pensarlo ni remotamente ; estos deseos de la humani- dad estan predicando la existencia del paraiso, donde el cuerpo adquiera un nuevo modo de existir, y el alma una perfeccion en sumo grado. Empecemos por el alma; la fé y la razon la estaban anunciando en la tierra que existe un Sér infinito , origen de todas las grandezas creadas; mas ningun objeto se lo explicaba, ninguna lengua podia decirla hasta qué pun- to legaban las excelencias de este Sér ; los cielos con sus. -astros anunciaban dia y noche su gloria; un dia comuni- caba al otro la palabra elocuente que Dios les inspirdra para predicar sus grandezas; no habia dialecto ni aspira- —cion en que no se le hablara de Dios; pero nadie la decia quién fuese este Dios; era bello, infinito, inmenso; sa- pientisimo ; estaba sentado en trono fulgurante de eterna luz, rodeado de un océano de misterios; esta voz susur- raba sin cesar 4 sus oidos, la murmuraban los céfiros y las aguas, Ja entonaban las avecillas, la publicaban las nubes en sus detonaciones de fuego, la llevaban los ele- mentos hasta los mds remotos confines del globo, y, sin embargo, nadie la daba una descripcion exacta de este Dios tan rico en sabiduria y gloria. ‘ Como e] ferviente enamorado que desea hallar en to- das partes al objeto idolatrado y no-tiene el consuelo de ver sino sus recientes huellas, asi divagaba esta alma por todos los objetos, sin poder ver a cara descubierta al _ Dios que amaba, y cuyo rastro estaba impreso en todas partes. Esta Sabiduria divina,estaba oculta 4 los ojos de todos los vivientes, y despues de preguntarlo 4 los cie- los, 4 la tierta, 4 los elementos y 4 la naturaleza toda, unanimemente daban todos esta respuesta : «Con nuestros propios oidos hemos oido su fama.» Awribus nostris audi-
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