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* Hé aqui, amados mios, la verdad espantosa que tenia que revelaros en este discurso. Aunque el hombre debe guardarse de ofender 4 Dios sin mas motivo que su bon= dad y santidad infinitas, bueno es que lo tema por sus -castigos. La concupiscencia nos incita incesantemente al * pecado, y nos hace echar en olvido los motivos que tenemos para corresponder al amor divino; la mentiray el error intentan poner un velo especioso 4 la verdad para que no la practiquemos; nuestro corazon carnal nos arrastra hacia las criaturas; si queremos prevalecer contra tantos enemigos de nuestra eterna felicidad, pensemos siempre en esta sentencia del santo Pontifice Gregorio - Magno: «Eterno es el tormento, momentaneo el deleite.» _ Aiternum quod cruciat, momentaneum quod delectat. La dulzura aparente que el mundo nos propina en su do- rada y fementida copa es tan deleznable, que pasa con la rapidez de las aguas de un turbion precipitado; las amar- guras que causa son interminables. Hlernwm quod cru- ciat, momentaneum quod delectat. ;Nobles cristianos! Dios os ha dado honores, titulos y riquezas para que useis de vuestros timbres con la moderacion debida; para que nunca paseis de los limites prescritos, poned este lema en el cuadro dorado de vuestras armas. Alernwm quod cruciat, momentaneum quod delectat. ; Sabios, lite- ratos, pueblo catdlico! Al dar principio4 vuestras tareas, _ al instruir 4 la juventud, al entrar en esas casas de di- version licenciosa, pensad en esta terrible sentencia, que, bien pensada, es capaz de humillar al entendimiento mas altivo y retraer del pecado al hombre mds obcecado. Asternum quod cruciat, momentaneum quod delectat. Almas timoratas, que habeis entrado en vosotras mis- mas y hecho penitencia de vuestros pecados antiguos, ved un saludable remedio para perseverar en vuestros santos propdsitos. Pensad siempre en las llamas eternas, como lo hacia el penitente David. ae 4 ea?

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