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mieron hacer traicion 4 sus principes, viviran eternamen- te entre estas llamas. ;Oh hombres! Ya estais advertidos; aprended 4 ser justos, y no desprecieis a los dioses; ‘gveis & este desgraciado que gime entre cadenas de fuego? Pues sabed que vendié su pdtria por el oro y la entregé ala tirania. 4Veis al otro despedazado por las furias? Pues sépase que sujeté las leyes 4 la venalidad, atent6é al talamo de su hija y contrajo himeneos prohibidos , atre- viéndose 4 todo lo malo y gozdndose en ello.» Seguramente que no temo en este momento las invec— tivas de los incrédulos al describir los tormentos que se les preparan en el infierno. ,Sabeis de quién es esta profe- sion de fé que acabais de oir? De uno de los grandes sé- bios de la antigiiedad, de un famoso escritor de la anti- gua Roma, que nada creia, porque daba asenso 4 todas las divinidades; pero jcosa singular! en medio de.tantos errores de la Roma pagana, profesaba esta verdad. ,Y era acaso por aterrar 4 un pueblo 4 quien se le permitia la embriaguez, la prostitucion y todo exceso en sus bacana- les? ;Ah! Desengafiémonos: la razon humana es hija de la pishaidad por mas que se extravie en los excesos y en las aberraciones, con tal que discurra, siempre llega & descubrir, con la existencia de Dios, los dogmas que es- tan fundados en su justicia eterna 6 inmutable. El] mun- do estd dividido en sectas innumerables; mas el dogma de los fuegos eternos es universal, asi como lo es el del cielo; lo cree el catdlico, el judio, el musulman, elchi- no, el tibetano, el tartaro, el nuimida, el etiope, el indio y el cafre; el catolicismo en este particular reina en todo el mundo, y dominaba sobre todos los espiritus antes que naciese su Fundador. «Cien lenguas, concluye el autor gentil, cien bocas, férrea voz, eran necesarias para contar todos-los crimenes que cometen los mortales, ¥ los crueles tormentos que sufren eternamente por ellos en el infierno. » ~ Py i ws Naa ia nS natal

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