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alarido, en que muchas voces no dicen mas que ‘una pa- labra, palabra aterradora, palabra cruel, y distingo en- tre la muchedumbre hombres coronados con tiaras, con mitras, con diademas, hombres adornados del lauro de las armas, de la literatura y del saber; grandes, peque- fios, principes, vasallos, ancianos, jdvenes, doncellas, viudas, reinas, emperatrices, sacerdotes, levitas, pon- tifices y legos, y todos en desdrden, como un enjambre alborotado, se revuelcan entre llamas voraces, se despe- dazan y maldicen, llenando el lugar de su castigo de un ruido pavoroso, cuyas tristes modulaciones son el llanto, la blasfemia, el crujir de dientes, la imprecacion, la_ desesperacion, la... jah, amados mios! Si oyésemos esta descripcion de la boca de un poeta exaltado, temblaria- mos; no sé cémo tenemos aliento para respirar, despues de haber oido la verdad de estas escenas de la misma boca de Dios. , Este lugar horrible es elinfierno; no quiero probar su existencia, porque seria hacer ‘una injuria 4 yuestras fervientes creencias. Un cuadro descriptiyo basta para el que cree en Jesus; si alguno de los que me oyen no da, por desgracia, asenso 4las palabras del Evangelio, por- a su moral ultrajada le condena a la eterna desventu= ra, yo le internaré en las mismas escuelas de la inmora- lidad , y los mismos maestros del crimen anunciardén el castigo que se le sigue, con todos sus pormenores. Ved, pues, mi proposicion: el infierno es un lugar de tormen- tos eternos para el cuerpo y para el alma. i Dios misericordioso! ,Quién podrd gloriarse de ser justo en tu presencia? Sien los mismos espirilus encuen- tras manchas, gcuanto mas las hallaras en los que habi- mos en casas de barro? Por piedad, Seiior; antes que lle- gue el momento de ser juzgados, descarga sobre nosotros tus justas venganzas, para no ser victimas de tu impla- cable furor en la eternidad, Infundidnos un -santo terror

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