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mano esta tambien el arrojarse temerariamente entre sel- vas donde brama el aquilon y el tigre devorador ruge; si es arrollado por la fuerza del copudo roble, arrancado por el huracan furioso ; si es inmolado al hambre entre las — cortantes andanadas de la fiera, gsera culpa de la elec- cion que estaba en su mano? gNo sabia que en un ca- mino no habia mas que madrigueras de leopardos, simas horrendas y desfiladeros azarosos , miéntras en el otro apenas encontraria el obstéculo de pasar el cristalino arroyuelo que con suave susurro va serpeando la florida campifia? En semejante caso no echemos la culpa 4 la potencia electiva, sino 4 la imprudencia, 4 la temeridad _ y 4la obstinacion. Del mismo modo sucede en el érden moral; la vida del hombre tiene su término final; caminamos 4 este tér- mino por el sendero que mas nos agrada: la razon y la fé de consuno nos dicen que hay dos vias para la eternidad; una és la de la virtud, otra la del vicio; aquélla nos sal- va, ésta nos condena; si porque haciendo uso de la fa- cultad de elegir escogemos lo peor, es evidente que no hemos de inculpar, ni al Dios amoroso que nos ha dado el libre albedrio, ni 4 este mismo albedrio considerado en si mismo, sino 4 nuestra pervicacia y locura. jAh! Sirva para confirmar esta verdad un axioma que , & pesar de ser demasiado comun, no es indigno del lugar en que ‘me hallo. ,Hay vicio mas feo y abominable que la em- briaguez? Es fea, es asquerosa, es detestable; ¢y quién causa la embriaguez? El vino, los licores ; 4 y diremos por eso que el vino sea malo.en su naturaleza y en sus pro- piedades? Hé aqui lo que niega la filosofia de todas las naciones y el buen sentido comun de todos los pueblos; preciso es confesar que el hombre abusa de todo cuanto ve y palpa; Dios le da las flores y las semillas para su recreo; y El, 4 fuerza de alquimia, extrae de ella jugos venenosos para aniquilar la vida de un rival; le da ali- TOMO I. 22 ha os
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