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be ‘ + 9 ag temi y me fui, y escondi en la tierra tu. talento; aqui tienes lo que es tuyo.» No quiero concluir esta parabola sin presentaros antes lo que se encierra en ella, segun los Santos Padres y la Iglesia, fieles intérpretes de las Escrituras. Todos ensefian que las diez virgenes comprenden la muche- dumbre de los hombres llamados al conocimiento de Dios, como son los fieles ; los siervos de los diez talen- tos son nada ménos que los ministros de la Religion, quienes, ademas de la gracia del conocimiento de Dios, han sido enriquecidos por él con especiales oe a ‘deben utilizar en beneficio de todos. A todos llama, pues, el Sefior; 4 ninguno deja ds de su gracia, y con esto queda cumplido el decreto de amor con que quiso hacer que la criatura racional lo conociese ‘y amase en la tierra, y lo gozase en el cielo; pero queda atin otro decreto condicional, y es el de no violentar 4 nadie, el de conservar integros todos los derechos del alma. {Quiere el hombre negociar los talentos que Dios le da? Pues bien; si ha recibido cinco y ganacinco, Dios no le exigira uno mas. gNo quiere aprovecharse ‘de la _ donacion? gQuiere emplear el socorro divino en su pro= pio daiio, 6 lo entierra? ,Vive descuidado de su eterna : _ salyacion, como las virgenes fatuas? Pues entdénces Dios da al hombre lo que él mismo se ha granjeado p r su eleccion. A la imperdonable altivez del siervo perezoso ved lo que: -responde Dios: «Siervo malo, te condeno por tu propia boca; sabias ti que yo era de iiadicion recta; 4pues por qué no pusiste mi dinero 4 ganancias, para que 4 mi regreso lo tomase yo hasta con usura? Serds ' despojado en este momento del talento que te di, y te precipitaran en el. abismo de tinieblas, donde no hay mas que llanto y crujir de dientes. » Si despues de haber oido las terribles palabras del Salvador y la interpretacion de los Doctores le es per- a ey vie<meta
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